


Sacamos miles de fotos de nuestros hijos.
Cumpleaños, vacaciones, primeros días de colegio, tardes en casa, amigos, abuelos, hermanos… y también un montón de momentos cotidianos que hoy quizás no parecen tan importantes.
Pero pasan los años y esas fotos empiezan a tener otro valor.
Porque las fotos de la infancia no son solamente recuerdos para nosotros. Son los recuerdos que algún día van a tener nuestros hijos de su propia historia.
Las fotos importantes no siempre son las más lindas
Con el tiempo, muchas veces las fotos que más nos emocionan no son las perfectas.
Son las de la casa donde crecimos, nuestros juguetes, un verano cualquiera, nuestros abuelos o nuestros padres cuando eran jóvenes.
Por eso creo que hay que sacar fotos de los grandes momentos, pero también de lo cotidiano.
Y algo fundamental: aparecé vos también en las fotos.
No importa si no estás arreglada o si la foto no es perfecta. Dentro de veinte años, tus hijos no van a mirar eso. Van a querer verte a vos.



Tenemos miles de fotos, pero casi nunca las miramos
Hoy podemos tener 20.000 fotos en el celular y, sin embargo, volver a mirar muy pocas.
Las sacamos, las compartimos y quedan ahí.
Por eso siempre digo que guardar fotos no es lo mismo que guardar recuerdos.
Cuando imprimimos nuestras fotos o hacemos un fotolibro familiar, esas imágenes vuelven a aparecer. Las miramos, las compartimos y empiezan a formar parte de la historia de nuestra familia.
Un anuario por año, un libro de vacaciones o simplemente una selección de los mejores momentos puede ser suficiente.
No necesitás fotos profesionales. Necesitás fotos que signifiquen algo para vos.
Algún día esas fotos van a ser de ellos
Hoy sos vos la que saca las fotos, la que las guarda y probablemente también la que piensa:
«Algún día tengo que hacer algo con todas estas fotos.»
Pero algún día esos recuerdos van a ser de tus hijos.
Y van a querer ver cómo eran de chicos, cómo era su casa, sus abuelos, sus amigos, sus vacaciones y también cómo eras vos.
Sacá fotos. Muchas. Pero también hacé algo con ellas.
Imprimilas, armá álbumes, hacé fotolibros.
Porque la infancia pasa rápido y esas fotos son una forma de poder volver a ella.
¿Tenés miles de fotos y hace años que querés hacer algo con ellas?
Yo puedo ayudarte.
Vos me mandás las fotos y yo me ocupo de transformarlas en un fotolibro personalizado.
Porque la idea es justamente esa: que hacer algo con tus fotos no sea otro pendiente más.





